EQUIPO ECOCIDIO

Informe 30/07/2020

El equipo de trabajo sobre ECOCIDIO, dentro del área MEDIO AMBIENTE Y DESARROLLO SUSTENTABLE, del INSTITUTO DE ESTUDIOS Y FORMACIÓN PARA LA IGUALDAD, tiene como objetivo promover y difundir información, ideas, propuestas y proyectos relacionados con la preservación del medio ambiente y la necesidad de frenar la depredación de los recursos naturales que sirven de base a la vida digna del ser humano y todas las especies del planeta.

Destacamos la urgente necesidad de que la acción deliberada que causa un daño grave, sostenido e irreparable al ambiente, aún bajo el pretexto de la promoción del desarrollo y el beneficio económico, sea considerada DELITO y sea pasible de sanciones previstas en la legislación, tanto argentina como internacional.

De conformidad con ello, proponemos la incorporación del ECOCIDIO, en todas sus variantes, (extractivismo, contaminación, deforestación, etc) como delito en el Código Penal Argentino, que hoy no prevé penas para estas acciones ni contiene un capítulo referido a los delitos ambientales, salvo el Título III, Capítulo IV, que tipifica como delitos contra la salud pública, envenenar o adulterar aguas potables o alimentos o medicinas.

En la década de 1980, la Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas (CDI) consideró la inclusión del crimen ambiental en el “Proyecto de Código de Crímenes Contra la Paz y la Seguridad de la Humanidad”, que más tarde se convertiría en el Estatuto de Roma. Sin embargo, el artículo relativo al delito de daño ambiental fue eliminado del Código final adoptado por la CDI en 1996. La inclusión de las preocupaciones ambientales en el Estatuto de Roma se limitó a cubrir sólo los actos intencionales de degradación ambiental perpetrados como crímenes de guerra.

Es por esto que creemos necesario completar la normativa, apostando a algunas LEYES INTERNACIONALES y comenzamos por la LEY PENAL INTERNACIONAL DE ECOCIDIO. Apoyamos y promovemos la sanción del delito de ECOCIDIO como Quinto Crimen Internacional contra la Paz, en el marco del Tratado de Roma y de la competencia del Tribunal Penal Internacional de La Haya.

Nuestra intención es fortalecer el conocimiento de la mayor cantidad de personas sobre la importancia de que esta ley sea la 5ª Ley Penal Internacional en el ESTATUTO DE ROMA acompañando a las cuatro leyes existentes: GENOCIDIO, CRÍMENES DE GUERRA, CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD Y CRÍMENES DE AGRESIÓN.

Lograr una Ley Nacional de Ecocidio es una meta concomitante.

Esta propuesta es apoyada por destacados sectores de la doctrina ambientalista, en el ámbito de la Asociación Internacional de Derecho Penal. En 2019, el Papa Francisco realizó un llamamiento a líderes y referentes ambientalistas de la comunidad internacional para que apoyen esta medida. Recientemente, el gobierno francés creó una Convención que aprobó la realización de un referéndum para que la ciudadanía decida su incorporación a la Constitución francesa.

Creemos necesario que la sociedad argentina adopte una posición comprometida con las decisiones que involucran nuestra calidad de vida, nuestra salud y la de nuestros descendientes y de toda forma de vida en el planeta. En ese marco, proponemos que algunas de las decisiones más relevantes que los gobiernos adopten en materia ambiental deben ser sometidas a la voluntad popular a través de sistemas de democracia directa como el plebiscito o el referéndum. La incorporación del Ecocidio como delito penal en la legislación argentina, sería un buen supuesto para la aplicación concreta de estos medios de consulta a la ciudadanía.

Las propuestas anteriormente planteadas implican un programa de trabajo que tiene por objeto solicitar al gobierno argentino la adopción de medidas concretas para avanzar en ese objetivo, como la elaboración de proyectos normativos y/ o declaraciones oficiales, a nivel nacional e internacional.

El equipo de trabajo ECOCIDIO está integrado por Gustavo Falbo, Elisa Araujo, Adriana González, Alicia Roig, Héctor Demkura, María Angélica Pirola, Juan Ignacio Gerardi y Gabriela Di Girolamo.

ETAPAS DEL PROYECTO: DIFUSIÓN Y CONCIENTIZACIÓN


Nos encontramos abocados a una intensa difusión de variados temas relacionados con la ecología, el cambio climático, el cuidado del medio ambiente, su relación con el sistema productivo, la salud, la preservación de especies y otros vinculados.

Contamos con el programa NENDO DANGO, en Radio Universidad, que se emite los domingos, a las 18 hs., conducido por Elisa Araujo, quien entrevista periódicamente a conocidos referentes ambientalistas de los más variados ámbitos, actividades y profesiones.

También estamos difundiendo  información por medio de la página de Facebook ECOCIDIO ARGENTINA así como a través del sitio web del IEFI.

Justificación Ideológica:

La igualdad es el parámetro más importante para determinar si una sociedad es o no justa. Si el anhelo principal de toda sociedad sana es lograr un sistema que resulte justo para todos sus miembros, es indudable que el objetivo esencial que deberá  perseguir es que impere el concepto de igualdad.

Por supuesto, no se trata de que todos seamos iguales, sino de que todos, respetando nuestra diversidad, podamos disponer de las circunstancias que nos permitan tener las mismas posibilidades y acceder a los derechos que nos igualen en relación a esas posibilidades.

Precisamente por eso, la igualdad no es tratar a todos por igual, sino tratar a cada uno, según sus circunstancias,…

El art. 41 de la Constitución Nacional reza: “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano…” El primer parámetro, en relación a este derecho es, claramente,  la igualdad.

Es necesario que todos reconozcamos que la TRAMA DE LA VIDA está desgarrada en muchos lugares, y que también los humanos que habitan esos lugares han perdido sus derechos durante generaciones, no son IGUALES con los MISMOS DERECHOS. 

Y también que esas roturas de la trama afectan al TODO porque TODOS EN LA BIÓSFERA ESTAMOS INTERCONECTADOS. Cada ser de cada ecosistema es necesario para el equilibrio.

Cuando reclamamos la preservación de un medio ambiente sano lo hacemos para todos, para el conjunto de la humanidad, presente y futura,…Es, claramente, una causa de la humanidad toda…sin diferenciar nacionalidad, origen étnico, preferencia política, postura ideológica, condiciòn social, económica, cultural, etc.

Y promover la sanción nacional e internacional del delito de ECOCIDIO, es, hoy por hoy, la herramienta que consideramos màs eficaz para proteger el medio ambiente…

Por qué?… porque las conductas de los que, alrededor del mundo, están depredando el planeta,  no están teniendo la condena adecuada por parte de los estados, ni una pena lo suficientemente dura como para hacerlos desistir de dichas conductas.

 Y esto sucede por variados motivos…

En un mundo globalizado, dominado por grandes potencias económicas, ya sean Estados o corporaciones, la desigualdad se potencia, también, por la concentración de medios de comunicación que sirven a esos poderes en detrimento de grandes poblaciones de trabajadores que sólo son engranajes de esa maquinaria que lleva riqueza para unos pocos y pobreza para muchos.

La clase dominante acumula riqueza mientras el hambre y las pocas oportunidades de educación y salud aquejan a las masas y a la clase media.

Acaparan para sí grandes extensiones de  tierra, haciendo caso omiso de que allí habitan etnias milenarias con sus propias culturas.

Destruyen ecosistemas enteros en búsqueda de más riquezas, evitan pagar impuestos y esconden sus dineros en paraísos fiscales.

Pero resulta que el Planeta, así como la globalización, no sabe de fronteras.

La Biósfera está interconectada y los desastres ambientales locales afectan al todo.

La decisión de Brasil, por ejemplo, de avanzar sobre la Amazonía, con la tala y la destrucción por fuego, ha llegado a un punto que  no deberíamos sobrepasar, como en muchos otros casos, para que el planeta siga siendo habitable.

Pero, …¿Qué posibilidades hay de lograr una sistema legal que proteja a todos los rincones del planeta, igualando los derechos a vivir en un ambiente habitable, tanto para un poblador del Artico como para uno de la Amazonía?…

En un análisis teórico, los Estados mantienen sus soberanìas políticas y la facultad de dictar sus propias leyes, pero, en la práctica,  muchos estados padecen las consecuencias nefastas de sistemas económicos que los mantienen rehenes de las decisiones que les impone el juego de fuerzas con sistemas más poderosos…

Es así como terminan aceptando, por ejemplo, ser receptores de basura producida en otros lugares del mundo…

Por las imposiciones que padecen, la falta de fortaleza o decisión en la correlación de fuerzas, o aún la ineptitud de gobernantes sin visión o directamente corruptos, muchos países no toman medidas contra la depredación de sus recursos naturales y el medio ambiente…. No sancionan leyes que castiguen el delito ambiental, o, si las sancionan, no controlan su cumplimiento.

Los perjudicados inmediatos de esta situación serán los habitantes de ese país en inferioridad de condiciones con relación a otro que sí proteja su medio ambiente.

Los perjudicados mediatos y definitivos, serán todos y cada uno de los habitantes de la Tierra.

Por ello, consideramos que la única posibilidad de que sean resguardados los derechos de todos los habitantes del planeta, igualándolos, se encuentren en el rincon del mundo en que se encuentren, es avanzar hacia una LEY INTERNACIONAL DE ECOCIDIO, que permita intervenir a la comunidad internacional y restablecer la justicia allí donde se ponga en peligro el medio ambiente, aunque el estado en cuyo territorio se comete el daño y ellos habitan, no tenga los medios o la voluntad de asumir esta función, abandonándolos a su suerte.

En esta situación podría encontrarse, hoy por hoy, Argentina, donde, al no tener tipificado el DAÑO AMBIENTAL, como DELITO, con penas impuestas en el Código Penal, sufrimos la depredación constante de nuestro ambiente y recursos naturales sin que nuestro sistema legal y judicial le ponga freno.

Claramente, estaremos desprotegidos  y en relación de inferioridad por la desigualdad respecto de los habitantes de otros estados que sí asuman esa responsabilidad.

La sanción del delito internacional de ECOCIDIO, pondría en marcha, en estos casos, el proceso internacional, ante un tribunal internacional, promovido por la comunidad internacional, en beneficio y protección de una población determinada, que, de esta forma se encontraría igualada en la defensa de sus intereses con los de la totalidad de la población mundial.

Justificación Social

La verdadera igualdad es el mejor criterio, en principio, para resolver todos los conflictos que se puedan presentar en una comunidad.

Puesto que el ambiente es la base que sustenta todas las actividades del ser humano, un ambiente sano es la primerísima circunstancia que posibilita la igualdad de oportunidades, pues, si no está garantizado, provocará enfermedades, pobreza, sufrimiento y muertes que harán que quienes las padezcan vivan encadenados a desgracias que los ubican muy por debajo de la línea de largada de los que no sufren estas deficiencias.

En un ambiente sano e igualitario existe la posibilidad de superación personal y social porque están garantizados los presupuestos básicos para que una sociedad se desarrolle.

Partiendo de la base de que puede vivir en un ambiente sano, el ser humano tiene la posibilidad de dirigir todas sus energías y desarrollar sus aptitudes en el plano social, cultural y económico.

Por el contrario, quien se vea impedido de gozar de ese derecho, verá diluir su vida y oportunidades, intentando sobrevivir a las calamidades que el daño ambiental trae aparejadas.

Por esta razón, promovemos una LEY DE ECOCIDIO NACIONAL, buscando que el sistema legal-judicial garantice, por ejemplo, que no existan poblaciones, dentro de nuestro país, cuyos niños estén amenazados por las enfermedades que les provocan los agrotóxicos que se fumigan sobre sus escuelas, en lugar de estar jugando, estudiando y creciendo con todas las garantías de sus derechos que les asegura nuestra Constitución.

Justificación Económica:

Si creemos que la economía es una ciencia social cuyo objeto es la satisfacción de necesidades ilimitadas con recursos limitados, …esta consideración implica, de por sí, una postura ética.

Si consideramos al Planeta como un bien, en términos económicos, como el “proveedor” de los recursos para satisfacer las necesidades de todos los seres humanos, esa postura ética nos obliga a tomar los recaudos para que esos recursos puedan ser accesibles a todos los habitantes de manera igualitaria.

Para que ello sea posible, es necesario garantizar el acceso a los recursos naturales, que, en gran medida, constituyen derechos esenciales del ser humano, como el acceso al agua, al aire puro, a un hábitat adecuado para la subsistencia, de donde obtener alimentos, donde desarrollar actividades vitales, donde sea posible preservar la salud y la vida.

A su vez, estamos obligados a tomar los recaudos necesarios para evitar la apropiación abusiva, irregular e injusta de los recursos naturales por parte de unos pocos, en desmedro de muchos.

Debido a la depredación de recursos provocada por actividades con fines económicos, el medio ambiente se daña gravemente, y se vuelve inaccesible para grandes poblaciones, como las comunidades originarias en Latinoamérica, que están siendo desplazadas de sus hábitats naturales, configurando verdaderos etnocidios.

Pocas situaciones más representativas de una odiosa desigualdad e injusticia, en Argentina,, que la existencia de latifundios dedicados a la soja transgénica, para alimentar cerdos de potencias extranjeras, que nos dejan exhausta y envenenada la tierra, mientras quienes la exportan, probablemente, evadan sus impuestos y depositen sus ganancias en el extranjero.

Si a esto le sumamos que, para sembrar soja se están destruyendo hábitats naturales donde viven comunidades aborígenes que obtienen de allí sus alimentos y agua, y provocando muertes por desnutrición, necesariamente debemos concluír en que la inacción en este sentido, es complicidad con un crimen aberrante con motivaciones económicas.

No hace falta ahondar en la consideración de que todos los derechos humanos de estas personas están siendo violados. El primero de ellos, es su derecho a la igualdad con el resto de los habitantes de la Nación.

Por esta razón, creemos que es imperioso sancionar la ley de ECOCIDIO, que condene fuertemente, las actividades económicas depredatorias del medio ambiente.

Justificación Cultural 

Hemos abrevado, hasta el presente, en la cultura del abuso y la depredación del planeta.

Se impone un cambio de paradigma que ponga límites concretos a la cultura de la voracidad económica, del consumismo irracional, a la cultura del descarte, de la obsolescencia, del desprecio de lo estable y duradero…

Fundamentalmente, un cambio cultural, con fundamentos éticos  y filosóficos, que sustituya la hegemonía del egocentrismo por una mirada del “otro” como “igual”, como otro “yo” con mis mismos derechos,… por la supremacía de la igualdad.

Este cambio, que ya está gestado, es, entonces, y sobre todo, cultural… y debe consolidarse en la base cultural de la sociedad con la conformación de una masa crítica de conciencias y voluntades que lo sostengan. Solo esa consolidación dará el sustento fundamental a los cambios normativos, sociales, económicos y tecnológicos que estructurarán el nuevo paradigma.

En otro aspecto, la cultura, como manifestación del espíritu de los pueblos, resulta  fundamentalmente afectada cuando se vulnera el derecho a vivir en un ambiente sano…ningún ser humano que se vea obligado a luchar por su subsistencia, en medio de un ambiente depredado, encontrará la posibilidad de promover, transmitir y desarrollar sus aptitudes y tradiciones culturales.

La desigualdad, en términos de derecho a la propia cultura, se transforma, entonces, en una consecuencia obligada de la violación del derecho a un ambiente sano.

En nuestro país, y en toda en América Latina, las poblaciones vulnerables suelen adunar la triste coincidencia de tres circunstancias: degradación del hábitat natural, carencia de recursos esenciales y condición de originarios. Esta situación es violatoria de todos sus derechos humanos, entre ellos, el derecho fundamental a preservar su cultura ancestral.

Debemos concluir, entonces, que la cultura es, a la vez, víctima de la voracidad de estos sistemas inhumanos, pero también, paradójicamente, un potente instrumento de lucha para hacer frente a los intentos de su propia destrucción.